Infinito
Ojalá mi vida tuviera forma de cuadrado, rectángulo o incluso triángulo. Porque en sus vértices aprovecharía para descansar y buscarte. Y encontrarte para tomar un café contigo, una charla, una risa y un vacile. Una conversación de esas raras que tenemos tú y yo, y que nos hacen saber que tan sólo contigo puedo mantenerla.
Pero, a veces, siento que mi vida es un círculo. Una rueda
en la que no hay tiempo para frenar, desde la que te veo de lejos, nos miramos
pero no paramos. Cuando pasa esto, de manera irremediable, me encanta imaginar
que junto dos círculos, porque al unirlos se forma el infinito.
Me encanta el infinito, ese ocho tumbado. Y es que infinito
significa extrapolarse a otro mundo paralelo, fuera de este lugar, en el que
inevitablemente nos volvemos a encontrar. Allí no somos materia, somos
esencia y espíritu.
Y nos volvemos a tomar un café…
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