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Mostrando entradas de septiembre 3, 2024

Destellos

  Yo, diente de león, ligero y rápido, que pierde su voluntad, vulnerable a merced del viento, tú. Hasta que para, en cualquier sitio, el menos inesperado y allí, y porque tiene esencia y magia, crea un mundo de cero, inexplicablemente valioso y único.

Haikus

Uno Café con leche Momento presente Fugaz como tú Dos Poesía, libros Meditación y arte Sabiduría Tres Sol sofocante Imagen de tu espalda Amargo adiós Cuatro Búsqueda mutua Apasionante charla Hoja caduca Cinco Puente colgante Vida vertiginosa Dulce acerbo

Loco enganche

  Y ella sigue herida de muerte, pues aunque pueda sanar en contadas ocasiones a lo largo del día, siempre vuelve el dolor de la herida, esa llaga entumecida que no llega a sanar definitivamente. Un minuto de luz, supone levantarle el ánimo, aunque ella sepa que no servirá para salir de ese pozo en el que su vida sigue hundida y ahogada. Y ella sigue herida de muerte, cada vez que piensa en quien más la quiere, pero ella no puede devolver esa mirada, ese abrazo, ese beso tan merecido y sensato, pero tan alejado e imposible. Y ella sigue tan herida de no tener ninguna mano, ningún cuerpo, ninguna piel que la acaricie por las noches, aunque sepa y sienta que la soledad sea su mejor estado en este momento. Y ella sigue tan herida, que no puede evitar llorar, y sentir, y llorar… sin que una sonrisa verdadera asome en sus labios. Tantas sonrisas, tantas risas, tantas ilusiones, tan lejanas y remotas… ¿Cómo conseguirlas de nuevo? ¿Cómo atraparlas para que no vuelvan a escapar?

Haikus

Uno Arroyo quieto Sirena condenada Pura desazón Dos Roce ladino Aliento desbocado Huracanado Tres Joven estruendo Ave extraña sacudida Volcán en llamas Cuatro Baile armónico Correntío de agua Clamor en cascada Cinco Dulce frenesí Rocío tembloroso Y mar en calma

Castillos en mi cabeza

  ¿Yo? Soledad y sin autoestima. Y me aferré a ti porque apareciste como un mago con una chistera. ¿Y yo? Tristeza y desasosiego. Y me aferré a ti porque necesitaba engancharme a cualquier ilusión. Castillos en mi cabeza. Y la llené con tus palabras, con tu sonrisa, con tu mirada de soslayo y tu complicidad. Castillos en mi cabeza a rebosar. ¿Y tú? Tú nunca me has mentido. Tú te dejaste llevar igual que yo. Disfrutamos juntos, amistad inocente, momentos únicos. Disfrutaste porque estabas a gusto. Tú nunca me has mentido. Me confesaste lo rápido que se te pasaba el tiempo, me pedías consejo, me ayudabas si te lo pedía, te reías con mis bromas, aceptabas mis cafés sin dudar apenas, alargabas tu jornada laboral… ¿Y tú? Tú nunca me has mentido. Te divertiste, pero no, tú nunca tuviste castillos en tu cabeza. Y cuando viste los míos intentaste pararlos. Me dijiste que no podía depender de nadie pero ya era demasiado tarde. ¿Y yo? Yo no te quise escuchar, me hice la...

Loco enganche

  Y ella estaba agotada. Como un grito que, aunque desgarrado, no es capaz de llegar a ningún lugar donde sea consolado. Y tan doloroso, que ya agotado, acaba muriendo. Y esta vez, ella estaba tan agotada, que aunque muriera de pena, iba a aguantar sin dar ese paso que siempre daba y por el que siempre acababa herida de muerte. Y ella estaba tan agotada, que quería dejarse querer, aunque pasara una eternidad, y la nada arrasara con todo a su alrededor. Era tanto el dolor de su interior, eran tantas las ocasiones en las que se había caído al vacío que no podía permitir dar una nueva oportunidad a que ese frío la volviera a turbar. Un corazón caliente, congelado por la frivolidad y por la falta de empatía. Y ella estaba tan agotada que no quiso volver a bailar al son del dolor…