Mi tendón de Aquiles
Mi tendón de Aquiles. Pero ¿acaso serlo te da derecho a
aprovecharte de mi debilidad?
Mi sentimiento idealizado es tan doloroso y pesado. Y a la
vez, tan frágil como la mariposa recién salida de su crisálida, que apenas
consigue alzar el vuelo torpemente se viene abajo.
Siempre espero paciente al final de la calle, y tú la
recorres con tu encantadora sonrisa saludando a todo el que te encuentras, para
nunca llegar al final; mi paciencia se torna resignación y sólo cuando me ves agotada y a punto de caer rendida,
te acercas para sostenerme desde ese hilo que nos mantiene unidos, a punto de
romperse cualquier día de tanto estirarse.
Ese día caeré, no sé si conseguiré levantarme, desde luego
no creo que estés tú para verlo.
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